Hace poco escuché en el claustro la palabra "evangelización".
La nueva evangelización en la escuela católica es un reto.
Evangelizar de nuevo o nueva evangelización, es una expresión que Juan Pablo II utilizó en Haití en el año 1983 refiriéndose a un nuevo sentir a un nuevo método y a una nueva expresión. La teología de la Liberación y los escritos de Juan Luis Segundo, Leonardo Boff o Jon Sobrino (al que tuve la suerte de conocer) los documentos de Medellín o de Puebla, nos dirigen la mirada a América Latina que a su vez nos enfrenta con un espejo y nos hace reflexionar sobre nuestra creencia y vivencia de Cristo en el siglo XXI.
Y en ello está el proyecto de los centros católicos.
Es difícil el reto, la opción preferencial por los más pobres no se puede disfrazar ni aplazar y hay muchos pobres que no piden nuestro dinero sino nuestro servicio fraternal a través de una opción testimonial de un profesorado que contagie el nuevo sentir y muestre el afán liberador que ofrece nuestro estilo de docencia, que ponga en práctica métodos solidarios y participativos, adaptando la situación individual y cultural del alumno dándole la oportunidad de acercarse a Dios desde la sociedad laica y no creyente pudiendo ser él mismo y usando sus expresiones. Todo le puede enriquecer.
La inculturación del Evangelio debe tender la mano y romper los obstáculos pero sin perder identidades ni generar sentimientos de inferioridad, respetando y siendo respetado.
No es dejar de ser lo que somos para "persuadir", es convencer siendo testigos, siendo reales, convencidos de lo que somos y comprendiendo al otro también en lo que es. Conocimiento y respeto mutuo, sin prejuicios. Compartiendo la expresión de una fe o simplemente de un sentir común, pero juntos con justicia como virtud cardinal.
El diálogo con la fe marca sus propios tiempos y la cosecha ya se verá.
La tarea es difícil pero no imposible. Cuando sabes lo que hay que hacer sólo debes ponerte en camino y hacerlo.
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