miércoles 24 de marzo de 2010

El trivial

(instrumento de Les Luthiers. Exposición en Colón, muy divertida)


Ya que usamos las TIC en el aula por lo menos que sean divertidas.


Los de Diver tiene dieciocho años menos cuando juegan al Trivial que “todos” tenemos diez, yo la primera.

Conseguí por mi sobrina un trivial en PC en el que podías hacer tú las preguntas. Dividí en cuatro grupos la clase, cuatro equipos competidores, debían elaborar preguntas de ASL y ACT, los ámbitos, y tener las respuestas. Yo las introduje en el trivial y una vez al mes jugamos. Está genial, quieren ganar, el equipo que gane tiene buena nota, el que pierda mala, no pueden ver el libro y si se equivocan, el juego da la respuesta correcta pero esa pregunta puede volver a salir y entonces es más fácil, pero hay que recordar la respuesta. Esto genera nervios y muchas risas y comentarios…pero se lo saben.

Y yo me lo paso muy bien.

jueves 18 de marzo de 2010

La otra cara de la moneda

Hoy celebramos en el Colegio San Viator "El día del bocata solidario".
Recaudamos fondos para gente necesitada. En esta ocasión recordamos y homenajeamos a un clérigo de San Viator que murió en enero con 52 años en un accidente de carretera, de una de las carreteras que circundan el  pequeño pueblo de Popoy en Bolivia.
Un hombre bueno.
Un hombre sencillo que trabajaba por mejorar la vida de los demás.
Un hombre humilde, silencioso y lleno de vida que dar.
Un hombre creyente, con una fe que le hizo superar muchas dificultades y no abandonar a los que están solos.
Un hombre que no es noticia.

domingo 14 de marzo de 2010

Tesón

Enseñar bien cuesta mucho en todos los sentidos, económica, laboral y personalmente.


A veces tengo que recordar por qué soy profesora y no otra cosa.

Cuando los contenidos son sencillos, son memorísticos llego a clase, suelto la información, interactúo un poco, mando deberes-recordatorios y hago un examen de vaciado mental y ahí se nota también su nivel de vagancia, pero cuando los contenidos son abstractos y necesitan estar encadenados a unos previos y al alumno le falta un eslabón y no lo entiende, te encuentras en una clase de treinta alumnos de los cuales veinte tienen un nivel distinto. Entonces es cuando aflora lo que puedo saber como profesora.

Primero la paciencia, después los múltiples recursos que he acumulado durante años y al final el tiempo.

Son momentos de nerviosismo y un tanto de estrés, ya que debo luchar contra los resoplidos del alumno que no quiere trabajar, el cansancio del padre al oír a su hijo que le “exige mucho”, el desánimo del compañero que ya optó por bajar el nivel, mi familia que se queja que corrijo mucho y paso mucho rato en el cole con los rezagados…

Puedo optar por no dar esos aspectos, ignorarlos o bien buscar fórmulas de renovación pedagógica que den frutos. Eso implica mucho esfuerzo por mi parte y también por la de ellos, tesón, y hay una enorme satisfacción cuando se consigue. También me doy cuenta que hay alumnos que no tiene las mismas capacidades y hay que esperar a que maduren.

No es lo mismo suspender porque no se trabaja o no hay esfuerzo a cuando se suspende porque no se comprende. Mi labor es enseñarles y no solo evaluar.

A veces la culpa es mía.