El curso se tiene que empezar con ánimo, aunque no te apetezca. Otra actitud te lleva a la "calle de la amargura" (ya hablé de ello en otra entrada).
Parece que la evaluación inicial nos desgasta tanto que perdemos las fuerzas y los conflictos que genera irritan mucho.
La evaluación inicial se puede realizar de dos formas, por asignaturas o por competencias, la primera es la tradicional, realizas exámenes a tus grupos basándote en contenidos, la realización de la prueba es rápida aunque tienes que corregir muchísimo; la otra es la más moderna, la elaboración de la prueba lleva mucho tiempo pues tienes que consensuar con el claustro preguntas del examen y criterios de corrección pero la calificación es más rápida pues se hace entre todos. E ahí el dilema, los profesores cuyas asignaturas están alejadas de una calificación competencial evidente no se sienten interesados ni motivados para elaborar ni corregir esta evaluación, consideran que son de seminarios específicos, Lengua, Matemáticas, que son las que tiene más peso en las pruebas de destrezas indispensables.
En estas circunstancias es cuando se ve la realidad de cómo y hasta donde ha calado el tema de las competencias y el sentido del trabajo en grupo; en principio todos los profesores en sus asignaturas sean cuales sean deben evaluar la competencia lingüística, deben saber hacerlo, pero no es así, el papel lo aguanta todo y la realidad es muy distinta. Diseñamos programaciones preciosas pero falsas. Al final se debe acudir al orden y la disciplina de la Dirección pues sino los "stopper" (unos poquitos que hacen mucho ruido) paralizan los proyectos novedosos.
Dicen que lo de las competencias tiene los días contados en cuanto suba el PP, veremos.Otra cosa vendrá.
Y seguirán ahí los "stopper".
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